Título: El espejo del alma (capítulo 3)
Fandom: Supernatural
Pairing: Ninguno
Rating: PG-13 diría yo.
Notas: Este fic es una continuación de Cosa de familia. Si no has leído ese antes, es posible que lo que se cuenta aquí no tenga mucho sentido.
Muchísimas gracias a
Capítulo 3
Una vez, cuando eran pequeños, Sam convenció a Dean para que le ayudara a ensayar su papel en la obra de fin de curso. No es que tuviera mucho diálogo que memorizar, porque, en fin, hacía de árbol. Pero cuando su hermano trató de hacérselo entender, todo fue inútil. No hubo forma de que Sammy se bajara del burro. Necesitaba ensayar y quería hacerlo con él. Así que Dean se pasó dos semanas dedicando las tardes a leer en voz alta todos y cada uno de los personajes de la bendita obra, mientras Sam se colocaba en posición de árbol y se quedaba quieto.
Así eran las cosas. De un modo u otro, Sam siempre acababa logrando que Dean hiciera lo que él quería, como casi todos los hermanos pequeños del mundo. O tal vez fuese simplemente porque Sammy era Sammy, y cuando te miraba de esa forma que decía “Sé que puedes hacer esto porque tú lo puedes todo, Dean, eres mi hermano mayor”, había que tener una piedra por corazón para ser capaz de negarle nada.
Así eran las cosas y, por lo visto, así siguen siendo. Es la única explicación que Dean le encuentra al hecho de que esté ahora mismo sentado en la biblioteca de la Universidad de Maryland en Baltimore, buscando información sobre Lilith, mientras su hermano ha ido a visitar a un anticuario que se mencionaba en el diario de John.
Lleva allí casi dos horas y está a punto de tener un ataque de nervios en medio de la sección de Teología. Ha silenciado el timbre de su móvil, pero lo tiene colocado sobre la mesa, esperando el mensaje que Sam prometió enviar cuando terminase. Lo ha comprobado unas cien veces en los últimos diez minutos, y ya casi tiene espejismos en los que lo ve vibrar. Cuando por fin el teléfono da un zumbido y se desplaza de lado, Dean casi no puede creerlo. Ni siquiera mira la pantalla, recoge los libros y se lanza a la calle, marcando el número de su hermano mientras baja las escaleras.
- ¿Has encontrado algo?- le dice Sam al descolgar, sin más preámbulos.
- Sólo que los teólogos hebreos le dieron el nombre de un demonio a la primera mujer de Adán para poder justificar que él la dejara por otra más joven y más sumisa, ¿y tú?
Dean oye la risa profunda y espontánea de su hermano al otro lado de la línea, y sólo entonces se da cuenta de cuánto echaba de menos ese sonido.
- Es un resumen bastante bueno- comenta Sam-. Por suerte, creo que yo sí he encontrado algo que podría ser útil. ¿Vienes a recogerme y vamos a comer algo?
- Voy para allá.
**
La tienda de antigüedades está en pleno centro de la ciudad, así que Dean deja el Impala aparcado a cierta distancia y va hasta allí dando un paseo. Sam sugiere almorzar en un restaurante que el anticuario le ha recomendado y que está bastante cerca.
Es agradable entrar en un local que no huele a grasa de freír, y hasta Dean agradece el cambio, aunque jamás lo admitiría. Se trata de un lugar sencillo, sin pretensiones, que ofrece comida casera y un ambiente acogedor. La decoración no difiere en nada del típico restaurante americano, con sus enormes ventanales y sus mesas blancas encajonadas entre asientos tapizados de cuero rojo. La diferencia está en su grado de limpieza, y en que el menú ofrece algo más que carne roja y tarta.
De no tratarse de un sábado, probablemente estaría lleno con los oficinistas que trabajan en los alrededores, pero por suerte para ellos, hoy el lugar está tranquilo. Los Winchester eligen una mesa algo alejada de la barra, en una zona del comedor en la que no hay ningún otro cliente. Aun así, cuando la camarera les sirve sus platos y se aleja, Sam mira a su alrededor para asegurarse de que nadie les presta atención, antes de sacar del interior de su chaqueta un paquete envuelto en papel marrón.
Lo desenvuelve con cuidado, sus largos dedos apartando el pliego con una delicadeza casi impropia de unas manos tan grandes, y deja a la vista un libro que, incluso a los ojos inexpertos de Dean, resulta obvio que es más antiguo que ningún otro que hayan consultado antes.
- ¿Qué es eso?- pregunta mientras empieza a comer.
- Se titula “El Origen del Infierno”. No se sabe a ciencia cierta quién es el autor, aunque se le atribuye a un rabino judío que vivió en el siglo doce. Sólo he podido leer un par de capítulos mientras te esperaba, pero cuenta con detalle la historia de la rebelión de Lucifer y su caída.
- ¿Y es fiable?- pregunta Dean, escéptico-. Es decir, no creo que hubiera allí nadie tomando notas en aquel momento, ¿verdad?
- El señor Clarkson, el anticuario, me ha asegurado que quien escribió el libro estaba bien documentado, aunque no ha entrado en detalles y yo tampoco he querido preguntar- contesta Sam, envolviendo de nuevo el libro para guardarlo.
Dean frunce los labios en un gesto que podría significar cualquier cosa y se mete otro trozo de ternera en la boca.
- Como sea- continúa su hermano-, supongo que te suena la historia de cómo Lucifer se negó a cumplir el mandato de Dios de servir a los humanos, y cómo Dios envió al arcángel San Miguel para expulsarle del paraíso y desterrarle a un lugar lo más alejado posible de él, que sería lo que hoy es el infierno- Dean asiente con la cabeza-. Pues bien, en realidad fueron siete arcángeles luchando contra siete rebeldes, Lucifer había convencido a otros para que le siguieran. Fue una batalla de proporciones épicas librada entre el cielo y la tierra, que duró varias semanas y provocó una serie de terribles cataclismos.
- No me lo digas. Así fue como se extinguieron los dinosaurios, ¿a que sí?
Sam le fulmina con la mirada, con cara de estar dudando entre tirarle el tenedor a la cabeza o clavárselo directamente-. ¿Quieres hacer el favor de tomarte esto en serio aunque sólo sea un minuto, Dean?
- Vale, vale, lo siento. Continúa.
Mueve la cabeza negativamente, como si no pudiera creer lo idiota que a veces puede llegar a ser su hermano-. Cuando los siete ángeles caídos fueron derrotados, San Miguel los confinó a un lugar de desesperación, totalmente alejado de la gracia de Dios. Es decir, el infierno. Así se convirtieron en los primeros demonios. En venganza, se propusieron apoderarse de todas las almas humanas que pudieran para así crear un reino capaz de rivalizar con el de Dios, hasta que llegara el día en que fueran lo bastante numerosos como para lanzar su ejército al mundo y someterlo.
- O sea, lo que se supone que están intentando hacer ahora- concluye Dean.
Sam asiente con la cabeza.
- Y Lilith es uno de esos siete demonios- es una afirmación, no espera respuesta por parte de su hermano-. Ruby se refirió a ellos como “los Antiguos”. Demonios que nunca habían sido humanos, que fueron creados así. Tipos a los que el agua bendita les resbala y no les tiembla el pulso por pisar suelo sagrado.
- Exacto. No es que fueran creados como demonios, eran ángeles. Luego se corrompieron, pero su esencia, su naturaleza fundamental, es de origen divino, por eso no les afectan esas cosas.
- Pues estamos bien jodidos.
- Y que lo digas. Pero no sólo por eso, sino porque estamos hablando de seres que han vivido durante milenios, aprendiendo y haciéndose cada vez más fuertes-. Sam baja lentamente la mano con la que sostiene el tenedor cargado de puré de patatas, hasta dejarlo otra vez en el plato. Ha perdido el apetito de repente-. La clase de poder que tienen estos demonios es… bueno, no tengo ni idea de lo que son capaces de hacer.
La certeza de estar enfrentándose a un enemigo de esta magnitud le abruma de repente, como si no lo hubiera asumido hasta el momento de explicárselo a Dean en voz alta. Deja escapar un suspiro y sus hombros se hunden. Sabe que en ese momento es la viva imagen de la desesperación y ni siquiera le importa. “¿Cómo vamos a salir de ésta?”, piensa. Decir que todo este asunto les viene grande es el eufemismo del siglo, y no puede evitar sentirse derrotado incluso antes de empezar a pelear.
- Y sin embargo, ya hemos matado a uno- observa Dean.
Al oírle, Sam piensa que su hermano sólo está tragándose su propio miedo para intentar hacer que él se sienta mejor, como de costumbre. Pero cuando levanta la vista y se encuentra con su mirada, lo que ve en esos ojos de un verde inhumano es sólo serenidad y firmeza. Ni un resquicio de duda o de miedo. Es esa mirada que dice que no hay nada que ellos dos no puedan hacer, si se lo proponen. Y como siempre, en contra de toda razón, Sam le cree.
Si la fe es lo que hace falta para vencer a un demonio, él tiene suficiente fe en su hermano como para acabar con todo el infierno en pleno.
Dean contempla los restos de su filete, ya fríos, y aparta el plato con una mueca de disgusto antes de continuar hablando.
- Lo que no entiendo muy bien es… si estos demonios llevan tanto tiempo planeando esta guerra, ¿por qué, a la hora de la verdad, han sido tan chapuceros? Azazel por un lado, queriendo convertirte en el general de su ejército, Lilith intentando matarte para que no lo seas, del resto de los Antiguos ni se sabe, y los demonios de infantería corriéndose una juerga en la tierra mientras los jefes se aclaran. Tío, es la guerra peor planificada de la historia.
Sam resopla, sonriendo amargamente.
- Yo que sé- responde-. Son demonios, Dean. La expresión “lucha de poder” la inventaron ellos.
- Pues menos mal, alguna ventaja debíamos tener en todo esto. Pero bueno, al grano, ¿dice algo ese libro sobre cómo localizar a Lilith?
- No sé, ya te digo que sólo he leído un par de capítulos. Confío en que habrá alguna pista más adelante.
Dean le mira, levantando una ceja con aire suspicaz.
- Oye, Sammy,… ¿cuánto dices que te ha costado el libro ése?
Su hermano se ríe, esta vez de verdad.
- Nada, en realidad. Al parecer papá les salvó la vida a las dos hijas de Clarkson hace cinco años, y desde entonces estaba esperando una oportunidad para agradecérselo.
- Aaaah, sí, es verdad- comenta Dean, con aire soñador-. Me acuerdo de ese caso. Un poltergeist. Yo también estuve ¿sabes? Y está mal que lo diga, pero en realidad lo de salvar a las chicas fue casi todo cosa mía. Te lo juro, tío, se sentían muy agradecidas- da un silbido y deja que una sonrisa lasciva asome a sus labios-. No te haces una idea de cuánto.
- De hecho, creo que no quiero saberlo.
Su hermano se encoge de hombros.
- Por lo menos, cuando al final resulte que ese libro no puede decirnos nada que no supiéramos antes, no tendremos que lamentar el dinero malgastado.
- Para ser una persona que vive del fraude con tarjetas de crédito, eres bastante tacaño, hermanito- responde Sam, pero la sonrisa con que lo dice le quita acidez a la crítica.
- No soy tacaño, Sammy, soy práctico. Es muy diferente- responde Dean, y saca una de dichas tarjetas con una floritura mientras pide la cuenta, guiñándole un ojo a la camarera.
**
Van a buscar el coche sin prisas, aprovechando el paseo para sacudirse la somnolencia que les ha dejado el almuerzo. A primeros de Septiembre, las noches ya empiezan a ser frías, pero los días aún mantienen el brillo y la calidez del suave verano de Maryland. Caminan relajados, sumidos en un cómodo silencio, sintiendo la caricia del sol y el casi imperceptible trazo de olor a sal en el aire que llega desde la bahía.
- ¿Oyes eso?- pregunta Dean, deteniéndose de repente.
Al principio, Sam no sabe muy bien a qué se refiere, pero pronto empieza a captar un murmullo lejano de lo que parece un montón de voces airadas gritando al unísono. Y procede, precisamente, de la dirección a la que ellos se encaminan. Continúan andando, con más cautela, y a medida que se acercan al origen del sonido, éste se va convirtiendo poco a poco en un rugido informe.
- Tiene que ser por el partido- comenta Sam, frunciendo el ceño.
- ¿Qué partido?
- De la NFL- responde, con algo de preocupación-. Fútbol. Lo leí en el periódico de esta mañana. Por lo visto los Ravens jugaban hoy un partido importante y había mucha tensión, se esperaban disturbios. Estamos cerca del estadio, así que es lo más probable.
- Genial, justo lo que me apetecía ahora. Un montón de testosterona suelta.
- ¿Quieres que intentemos dar un rodeo?- sugiere Sam, algo preocupado. No cree que una bronca entre hinchas de fútbol pueda llegar a calificarse de maldad humana, pero no está seguro de cómo puede afectarle a su hermano.
- Ni hablar, lo que quiero es llegar lo antes posible al Impala y asegurarme de que ninguno de esos cafres la toca- responde Dean, decidido.
Han apretado el paso mientras hablaban. El ruido se va haciendo cada vez más fuerte, más cercano. Están muy cerca, y el jaleo es atronador. A pesar de ello, lo que encuentran al doblar la siguiente esquina no es, en absoluto, lo que esperaban.
Creían que iban a toparse con la típica imagen de disturbios que ya están hartos de ver en las noticias: las dos hinchadas medio borrachas, insultándose desde ambos extremos de la calle; tal vez un par de contenedores de basura quemados, unos cuantos coches arañados o con los cristales rotos. En lugar de ello se encuentran con una verdadera batalla campal, los colores de ambos equipos mezclándose en medio de un tumulto de golpes, pedradas, rostros desencajados y los intentos desesperados de la policía por imponer un mínimo de orden.
Y es entonces cuando Dean grita de dolor y se dobla en dos, sujetándose la cabeza con las manos.
- ¡Dean!- exclama su hermano, arrodillándose a su lado mientras le agarra por los brazos para evitar que caiga al suelo.
- ¡Dios, Sam!- jadea entrecortadamente-. ¡Es demasiado, es…, no puedo soportarlo! ¡Dios, tanto odio! - se interrumpe con un gemido casi animal- ¡Mi cabeza!
Sam mira a su alrededor, pensando con rapidez, calculando cuál puede ser su mejor vía de escape.
- Tranquilo, Dean, voy a sacarte de aquí, ¿vale?- murmura al oído de su hermano, con una calma que ni remotamente está sintiendo. Intenta levantarle del suelo pero es como si estuviera hecho de plomo. Le ve apretarse los lados de la cabeza, gimiendo de dolor, y ni siquiera está seguro de que le haya oído. Entonces Sam levanta la vista y se da cuenta de que la muchedumbre ha cambiado de dirección y les rodea, bloqueándoles momentáneamente las salidas.
Sin pensarlo, se carga a su hermano al hombro y emplea la ventaja que le conceden su estatura y envergadura de hombros para atravesar la marea humana y ponerse a cubierto bajo los soportales de una pequeña galería comercial. En cuanto entran, Dean se agacha en un rincón y vomita cuanto tiene en el estómago, pero no parece sentirse mejor después. Tiene los párpados apretados y las venas laten visiblemente en sus sienes. Por primera vez desde que todo esto empezara, Sam sabe lo que es sentirse realmente aterrorizado.
- Dean. ¡Dean!- le llama, colocándose frente a él y aferrándole por los hombros, intentando por todos los medios conseguir su atención. La masa enfervorizada aún sigue cruzando frente a la puerta de su improvisado escondite. No pueden escapar, y a Sam sólo se le ocurre otra alternativa.
- Dean, mírame, por favor. Intenta concentrarte en mí, ¿vale? Mírame, Dean.
Sam repite el nombre de su hermano una y otra vez, le sujeta la cara con las manos y le hace levantar la vista hasta que puede ver sus ojos, enrojecidos y vidriosos.
- Eh, Dean, por favor, mírame. Eso es, concéntrate en mí. Sólo en mí, ¿de acuerdo? Eso es. Eso es. Mírame a mí, olvídate de lo demás. Respira, Dean, respira.
Lentamente, muy lentamente, se va relajando, enfocando su atención en Sam, y parece que eso le ayuda a bloquear el alud de violencia que llega desde la multitud. Durante todo el proceso su hermano no deja de hablarle en voz baja, como si se tratara de un caballo desbocado. La expresión de dolor no llega a borrarse del todo de su rostro, pero al menos se calma lo suficiente como para aguantar hasta que el tumulto acabe sin que le estalle la cabeza.
Afortunadamente, los refuerzos no tardan mucho en llegar y la policía consigue, por fin, acabar con los disturbios. Aun así, Sam espera un rato más antes de aventurarse a dejar su improvisado refugio. No puede arriesgarse a que haya por ahí algún grupo de rezagados, con Dean en las condiciones en que se encuentra.
Cuando al fin salen, las calles están sumidas en un silencio extraño, casi antinatural, como si la propia ciudad se hubiera quedado estupefacta ante la escena que acaba de presenciar. Los coches destrozados y los restos de basura que ha dejado la pelea contribuyen al aspecto post apocalíptico que lucen los alrededores del estadio. Aún es media tarde, pero la zona está tan vacía como si fuese de madrugada, los vecinos refugiados en sus casas, temerosos aún de asomarse a ver qué ha pasado.
Dean se aparta del brazo con el que Sam pretendía sostenerle, tercamente empeñado en caminar por sus propios medios a pesar de que sus pasos a veces se tambalean un poco. Su hermano le deja, pero se mantiene lo bastante cerca de él como para poder sujetarle si fuera necesario.
- Necesitas descansar- le dice.
- Estoy bien, Sam.
- Y un cuerno. ¿Tú te has visto la cara? Estás verde, tío.
Dean responde con un gruñido del que Sam sólo consigue descifrar la palabra “coche”, pero basta para hacerle poner los ojos en blanco.
Su hermano sería capaz de preocuparse antes por el Impala que por sí mismo, aunque se estuviera desangrando.
**
Se han alejado lo suficiente del campo de batalla como para llegar a una zona en que las calles ya tienen un aspecto más normal, y están más concurridas. Sam le echa una mirada de reojo a Dean y le nota incómodo. Lleva las manos en los bolsillos, y camina intentando esquivar a los peatones que se cruzan con él en la acera. Si por error se roza con alguno, se encoge levemente, como si le hubieran pinchado. Cuando nota que Sam le está mirando se endereza y trata de disimular, pero ya es tarde para evitar que su hermano adivine lo que ocurre: el ataque le ha dejado agotado y vulnerable, demasiado sensible a las emociones negativas. Y basta un vistazo rápido a los rostros que les rodean, tensos y apresurados, sin mirar a nadie a los ojos, sin sonreír, para entender por qué Dean parece a punto de saltar.
Entonces, por el rabillo del ojo, Sam percibe un destello de color que enciende una luz en su cabeza.
- Ven, vamos-. Agarra a Dean del brazo y tira de él hacia un parque, lleno de familias que pasan allí la tarde veraniega. Le obliga a sentarse en un banco y luego va hasta el quiosco a comprarle una botella de agua.
- ¿Qué neura te ha dado de repente?- pregunta el mayor cuando le pone la botella en la mano.
- Bébetela, estarás deshidratado después de vomitar.
- Ya, y también necesito recuperar mi sueño de belleza. ¿Se puede saber qué hacemos aquí?- sin embargo, se bebe el agua, y aunque no lo dice, se le nota agradecido por poder sentarse y tomarse un respiro.
- Sólo quiero que tengas una oportunidad de recuperarte, nada más. Lo que te ha pasado antes ha sido muy intenso, y yo…- se rasca la nuca, como si se avergonzara un poco-. No sé, pensé que rodeado de niños podrías relajarte un poco. Ya sabes, es… menos probable que te lleguen vibraciones de maldad entre tanta inocencia, ¿no?
A Dean le gustaría poder responder a eso con una de sus habituales ironías, empezar a meterse con Sam acerca de ello y no parar hasta que el infierno se congelara, pero está demasiado cansado para eso. No es porque se sienta conmovido por el detalle de su hermano. Para nada. Y se lleva la botella a los labios porque tiene sed, no para tapar una sonrisa temblorosa que definitivamente no está ahí.
Se quedan un buen rato callados, dejando que las risas infantiles y la caricia del viento les arrullen. Sam siente cómo el nivel de adrenalina va bajando en su sangre, dejando tras de sí una sensación de languidez. Siente pesados los brazos y las piernas, y le parece que sólo pensar en moverlos ya requiere demasiada energía. Cuando por fin Dean rompe el silencio, resulta tan inesperado que Sam casi da un respingo.
- Me pregunto si vale la pena-. Su voz suena algo ronca por el esfuerzo de antes, pero sobre todo triste, decepcionada.
- ¿A qué te refieres?
- A todo esto. A la vida que llevamos. Todos los sacrificios que hemos hecho para ayudar a la gente… y a lo mejor la mayoría de ellos no se lo merecían.
Sam no sabe muy bien qué contestar a eso, pero no hace falta porque Dean sigue hablando al cabo de un momento.
- ¿Ves aquella mujer de allí, la morena que está sentada cerca del columpio? Utiliza a sus hijos para vengarse de su ex. Les habla mal de su padre, para que los niños no le quieran. Los críos lo están sufriendo también, pero ella ni siquiera piensa en eso. No entiende más que el odio que siente porque él la dejó- se vuelve y señala a otra con la mirada-. ¿Aquella otra de allí, la embarazada? En realidad no le gustan los niños, lo ha hecho porque su hermana pequeña le dijo que estaba intentando tener un hijo y ella tenía que conseguirlo antes, sólo para ganarle. Siempre le ha tenido celos-. Mira hacia otro lado-. ¿El jardinero, el que está limpiando las hojas? Puso una denuncia falsa contra un compañero para poder conseguir este parque. Quería que lo destinaran aquí porque está más cerca de su casa y le resulta más cómodo. El otro perdió su trabajo, pero a él no le importa, obtuvo lo que quería.
Hace una pausa, moviendo la cabeza negativamente como si no pudiera creer el horror de lo que ve-. La humanidad está podrida, Sam. La mayoría no son más que un saco de mierda.
Su hermano se limita a mirarle durante un largo rato, meditando su respuesta. Al final baja la vista hacia el suelo y pregunta:
- ¿Sabes por qué me marché?
Dean le mira sin comprender.
- A Stanford- aclara su hermano-. ¿Sabes por qué me fui de aquella manera, por qué quería dejar de cazar?
- ¿Para poder tener una vida normal? ¿O, en fin, una vida a secas?
Sam niega con la cabeza.
- Sí, pero ésa no fue la razón principal. Fue porque no le encontraba sentido. Creía que papá estaba en ello por venganza y que tú le seguías porque eso era lo que él quería. Ninguno de los dos motivos era válido para mí. No entendí la verdad hasta mucho después, cuando viniste a buscarme y volvimos a cazar juntos, sólo nosotros dos.
- ¿Y qué verdad es ésa?
- Que tú cazabas por la gente. Porque de verdad te importaban las personas a las que salvábamos. No tenía nada que ver con lealtad ciega ni con ganarte la aprobación de nadie. Eso fue lo que me hizo quedarme, más que ninguna otra cosa, ¿sabes?
A veces Sam hace eso. Dice o hace algo de forma completamente casual, como si no tuviera importancia, pero cargado en el fondo de un significado que hace que Dean se rompa en dos. Es un código que hay que saber descifrar, pero él puede hacerlo mejor que nadie. Como cada vez que dice “eres mi hermano” y Dean sabe que significa “te quiero”. Para ser la clase de persona que siempre está dispuesta a hablar de los sentimientos de otros, Sam casi nunca es capaz de llamar a los suyos por su nombre. Pero en ese idioma que sólo hablan ellos dos, su hermano entiende lo que realmente está diciendo: te admiro, te respeto, quiero aprender de ti. En esos momentos Dean se siente enorme, un gigante, un coloso, y de todas las cosas que podría llegar a hacer en su vida, la única que jamás se perdonaría es decepcionar a Sam.
- O sea, que la respuesta a tu pregunta es sí. Definitivamente vale la pena- continúa, como si no se diera cuenta de que acaba de agarrar el corazón de Dean con una mano y está apretando-. Fuiste tú quien me enseñó eso. Y ahora Lilith te lo está quitando, te está arrebatando tu razón de ser, y odio ver cómo sucede. Odio ver cómo te está destruyendo. Y lo peor es que no sé cómo ayudarte.
No se miran después de eso. Mantienen la vista al frente o en el suelo, y si acaso uno de los dos arriesga una mirada de reojo, es siempre cuando percibe que el otro la ha apartado.
- Lo que sí tengo claro- insiste Sam- es que no podemos esperar a que surja una oportunidad de matar a Lilith para solucionar esto. Quién sabe cuánto podemos tardar en encontrarla, podrían ser otros veinte años. Tenemos que buscar otra manera. Te guste o no, vamos a ir a ver a Bobby y pedirle que nos ayude.
- Sam, no…
- ¿No qué? ¿Por qué te resistes tanto? ¿Es que te gusta tener esta habilidad, Dean? ¿Te sientes especial?
- Sabes de sobra que no es eso.
- ¿Entonces qué?
- Es que no quiero meter a Bobby en esto, nada más- responde Dean-. Siempre acudimos a él para todo, y la mitad de las veces no hacemos más que poner en peligro su vida.
- No te lo pensarías ni dos segundos para llamarle si se tratara de un caso. ¿Por qué es esto diferente? ¿Por qué tienes que ser tú menos importante que un extraño al que acabamos de conocer y al que probablemente no volveremos a ver jamás?- Sam no suena enfadado esta vez, sino dolido, inmensamente triste, y es eso lo que hace que Dean levante la mirada hacia él como movido por un resorte.
- No sé cuál es tu problema- sigue diciendo Sam, con los ojos brillantes y un leve temblor en la barbilla-, si te crees invulnerable o si es tu jodida costumbre de asumir siempre la responsabilidad de todo como si fuera tu misión en la vida. No sé, igual lo que ocurre es que, a pesar de todo lo que hemos pasado, todavía te consideras prescindible, la primera pieza a sacrificar en esta guerra. Pero no lo eres. No para mí.
Se diría que le está hablando a la piedra que hay junto a su zapato, a juzgar por la intensidad con que la mira. Traga saliva, la nuez subiendo y bajando en su garganta, y termina con un hilo de voz-. Y te agradecería que intentaras meter esa idea en tu estúpida cabezota de una vez por todas.
- Hey, Sammy…- Dean le pone una mano en el hombro y aprieta con suavidad, mientras trata desesperadamente de encontrar una manera de hacer desaparecer ese dolor del rostro de su hermano. Casi está decidido a decirle que irán a casa de Bobby o a donde él quiera, pero de pronto se siente asaltado por unas visiones que le provocan náuseas de puro espanto, acompañadas de una enfermiza sensación de deleite, de anticipación. Se pone en pie de un salto, mirando a un lado y a otro, buscando frenético.
Su hermano le mira e intuye al instante que algo va mal, muy mal.
- Dean- le llama, pero él no contesta. De pronto localiza su objetivo y sale corriendo, sin esperar a ver si Sam le sigue o no. Corre como loco hasta un extremo del parque, a una zona medio oculta por los arbustos, donde un hombre le está pasando el brazo por encima de los hombros a una niña pequeña mientras la aleja de la zona de juegos.
Dean se lanza sobre él como un tren descarrilando, imparable, derribándole de un empujón. Sam, que le sigue tan de cerca como puede, ve que la niña sale corriendo en busca de su madre, gritando, pero no le presta atención, porque su hermano le está dando a ese tipo la paliza de su vida, como si quisiera matarle con los puños desnudos. Y por la expresión de su rostro, Sam no tiene ninguna duda de que eso es precisamente lo que va a hacer.
- ¡Dean! ¡Dean, para!- intenta sujetarle de un brazo, pero su hermano se suelta, con una fuerza que Sam no sabía que tuviera. Está enloquecido, rabioso, ciego de furia, y sigue golpeando al hombre una y otra vez, despellejándose los nudillos, dejándole la cara ensangrentada e irreconocible.
- ¡Basta ya, maldita sea!- grita Sam, y le vuelve a agarrar, haciendo presa con ambos brazos y tirando de él hacia atrás.
- ¡Suéltame, Sam!- brama su hermano, retorciéndose-. ¡Déjame, joder!
- ¡No hasta que te calmes!
- ¡Y una mierda me voy a calmar! ¡Suéltame y déjame matar a ese hijo de puta!
- ¡Dean, no!
- ¡No sabes lo que es, Sammy! ¡No tienes ni idea de las cosas que les ha hecho a otros niños, lo que sentía al pensar en llevarse a esa chiquilla con él!
Hay lágrimas en las mejillas de Dean, mientras sigue luchando por soltarse del férreo abrazo de su hermano. Sam dirige una mirada rápida hacia el tipo que yace inconsciente en el suelo, y una parte de él se siente tentada de dejar que Dean termine lo que ha empezado y, de paso, ayudarle a hacerlo. Pero hay otra parte, la parte que siempre tendrá grabada en la memoria la imagen de su hermano siendo destrozado por los perros del infierno, que se lo impide. Mantiene a Dean sujeto, la espalda contra su pecho, y le habla con suavidad.
- Tienes razón, no lo sé. Y tú tampoco deberías haberlo visto, hermano. Nadie tendría que ver nunca algo así. Lo siento, Dean. Siento mucho no haber podido protegerte de esto.
Oyen voces que se acercan y al volverse, ven llegar corriendo un grupo de mujeres y niños, encabezados por la chiquilla que estaba allí con el hombre. La niña trae de la mano a una mujer rubia y menuda, que asumen es su madre. Sam suelta por fin a su hermano, confiando en que no hará una escena delante de ellas, pero se queda cerca por si acaso.
- ¡Ese es, mami, ríñele!- exclama la cría, señalando a Dean- ¡El hombre simpático iba a darme caramelos, pero él ha llegado y se ha puesto a pegarle!
La mujer se para, atónita, intentando comprender qué ha ocurrido. Su mirada salta del hombre tirado en el suelo a Dean, una y otra vez, y sus ojos se abren cada vez más, llenos de terror, a medida que va entendiendo.
- ¿Dices que iba a darte caramelos, cariño?- le pregunta a su hija.
- Sí, me dijo que los tenía en su coche- responde la niña, lloriqueando.
A su espalda se oyen varios murmullos espantados procedentes de las otras madres, pero la mujer no parece oírlos, sólo mira a Dean a los ojos con intensidad, y entonces se adelanta y le abraza.
- Gracias- susurra con voz temblorosa contra su hombro-. Muchísimas gracias. No sé cómo la he perdido de vista, me di la vuelta sólo un momento y…
- No me las dé- responde él, dándole unas palmaditas en la espalda con incomodidad.
La mujer se aparta y lanza una mirada de profundo desprecio hacia la escoria tirada en el suelo, antes de dirigirse a él de nuevo.
- Jamás se lo podré agradecer lo suficiente. Jamás.
Se da la vuelta y abraza a su hija con desesperación. Las otras madres hacen un corrillo alrededor de ella, todas con sus niños agarrados fuertemente de la mano en una reacción instintiva al miedo por lo que acaba de ocurrir, por lo que podría haber pasado. Apenas hablan, y sus ojos saltan alternativamente del hombre apaleado a sus hijos. No hace falta ser adivino para saber que pasará algún tiempo antes de que puedan volver a relajarse mientras sus chiquillos juegan en el parque.
- Eh, Dean- susurra Sam al oído de su hermano-, deberíamos irnos antes de que llegue la policía.
Al principio no reacciona, tiene la mirada fija en el cerdo al que acaba de dejar inconsciente como si estuivera considerando lanzarse sobre él para darle otra ronda.
- Dean- insiste Sam con más énfasis. Sólo entonces se vuelve hacia él.
- Vámonos- repite, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la salida. El mayor asiente con un seco movimiento y se marchan discretamente. De todas formas, nadie les está prestando atención.
Caminan sin hablarse, tensos como cuerdas de violín, hasta que, al atravesar un callejón situado en la parte trasera de un bar, Dean se para, se apoya en la pared y se inclina, sacudido por violentas arcadas a pesar de no tener nada en el estómago.
- Hey, hey- Sam acude instantáneamente a su lado, apoyándole una mano en el hombro-. ¿Estás bien?
- No consigo quitarme esas imágenes de la cabeza- responde, temblando. Entonces se incorpora de pronto, soltándose de la mano de su hermano con una sacudida- ¡Debiste dejar que lo matara, Sam! ¡Joder, ¿por qué tuviste que pararme?!
- ¿Que por qué?- no puede creer que esté enfadado con él, cuando es Sam quien lleva aguantándose su rabia desde que han salido del parque-. ¡Pues porque esto es precisamente lo que Lilith quiere, ¿es que no te das cuenta?! ¡Que empieces a matar humanos!
- ¡Ese cabrón se lo merecía!
- ¿Y quién eres tú para convertirte en justiciero, eh? ¿Dios?
- ¡No me hables de Dios, Sammy! ¿Un Dios que permite que los demonios caminen a sus anchas por el mundo, con todos sus poderes, y deja que nosotros nos apañemos como podamos con ellos? ¡Lo siento, pero no me impresiona demasiado su opinión!
- ¡Pues a mí sí! ¡Porque te guste o no, El va a ser quien decida a dónde vas el día que te llegue de verdad tu hora, Dean! ¡Y tengo miedo, ¿me oyes?!- le propina un empujón a su hermano, sintiendo cómo sus emociones van escapando poco a poco de su control-. ¡Así que dímelo ahora, ¿voy a tener que volver a ver cómo te arrastran al infierno?!- le empuja de nuevo, lágrimas calientes resbalando por sus mejillas y nublándole la vista- ¡Dímelo, Dean, porque prefiero matarte yo mismo y acabar de una vez!
Está otra vez allí, en New Harmony, en aquella maldita casa, inmovilizado contra la pared mientras, justo delante de él, un ser invisible destroza a su hermano, y tiene que verlo todo sin poder hacer nada por evitarlo. Otra vez ve la sangre brotar, oye los estertores que salen de la garganta de Dean hasta que ya no emite ningún sonido y ese silencio es infinitamente peor. Y el impacto de todo aquello, que en su momento no llegó a procesar porque unos minutos más tarde tenía a su hermano de vuelta, le golpea ahora de repente. Se tambalea hacia atrás hasta dar con la pared del callejón, resbalando por ella y sentándose en el suelo. Entonces entierra la cara entre las manos y rompe en sollozos, por lo de entonces y por lo de ahora, por la monstruosidad que acaba de decir y que no siente, pero que durante un segundo casi ha sido verdad, porque la alternativa ya la conoce y es mucho, mucho más dolorosa. Le da igual que Dean le vea llorar. Sólo quiere vaciarse por completo de todo lo que lleva dentro, porque ya no puede aguantar más.
Al cabo de un minuto, siente cómo su hermano mayor se arrodilla junto a él y le rodea con los brazos, apoyando la cara en su hombro, y Sam nota el calor de sus lágrimas a través de la ropa. No sabe cuánto tiempo permanecen así hasta que los dos se tranquilizan lo suficiente y se ayudan mutuamente a ponerse en pie.
- Anda, vámonos- dice Dean, dándole una palmadita en la espalda.
- ¿A dónde?- pregunta sin moverse, escudriñando sus ojos con intensidad. No está dispuesto a aceptar más que una respuesta, y ambos lo saben.
Su hermano suspira, bajando la cabeza-. A casa de Bobby.
Capítulo 4
no subject
Date: 2008-08-23 02:48 am (UTC)¡Pues a mí sí! ¡Porque te guste o no, El va a ser quien decida a dónde vas el día que te llegue de verdad tu hora, Dean! ¡Y tengo miedo, ¿me oyes?!-
*llora* Es el momento más triste de toda la historia.
no subject
Date: 2008-08-23 06:41 pm (UTC)¡Muchas gracias por seguir ahí! Siento que te haya puesto triste este capítulo, pero ya sabes cómo son las cosas con los chicos. Nos hacen sufrir mucho.
(((((((denisse))))))))
no subject
Date: 2008-08-23 06:38 pm (UTC)¿Y la parte del parque? Que decir de la parte del parque!!! Casi lloro. Que cosa maaas bonita. Te señalaría todas y cada una de las frases, pero supongo que me quedo con esta: "No sé, igual lo que ocurre es que, a pesar de todo lo que hemos pasado, todavía te consideras prescindible, la primera pieza a sacrificar en esta guerra. Pero no lo eres. No para mí." Niña!!! Eso es amor (no incestuoso, pero amor).
Y por último la reacción de Sam en el callejon, que es como para morirse de amor directamente. Bufff, se me han puesto los pelos de punta de la emoción.
Pero dejando a un lado todo eso que sepas que la forma de comportarse Dean en la biblioteca es genial, hilarante y completamente suya, la parte del pedófilo ha sido sobrecogedora y buenísima y que creo que te mueves por la mitología demoniaca como nadie.
Que, vamos, que sí, que me ha gustado y aquí me tendrás en el capítulo siguiente xP
Besos
no subject
Date: 2008-08-23 06:52 pm (UTC)Tal como yo lo veo, a la clase de locura en la que Dean y Sam viven inmersos sólo se puede sobrevivir aferrándose al amor que sienten el uno por el otro. Para mí, por lo menos, es eso lo que me mantiene enganchada a la serie.
¡Muchísimas gracias por todo!
Besitos.
Comentario. Parte I
Date: 2008-08-25 06:25 pm (UTC)"De un modo u otro, Sam siempre acababa logrando que Dean hiciera lo que él quería, como casi todos los hermanos pequeños del mundo. O tal vez fuese simplemente porque Sammy era Sammy, y cuando te miraba de esa forma que decía “Sé que puedes hacer esto porque tú lo puedes todo, Dean, eres mi hermano mayor”, había que tener una piedra por corazón para ser capaz de negarle nada"
Esto me enternece muchísimo, porque ami me pasa lo mismo con mi hermana pequeña. Como bien dices, es lo que nos pasa a todos con nuestros hermanos. Y eso que mi hermana no sabe hacer pucheros como Sam, pero me pida lo que me pida la mando a la mierda. A los 5 segundos me siento culpable y voy y hago(o le doy) lo que quiere. Ser hermana mayor a veces es una mierda xDDD
"- No me lo digas. Así fue como se extinguieron los dinosaurios, ¿a que sí?"
Vuelvo a decirte lo mismo, clavas el humor de Dean ♥
"Exacto. No es que fueran creados como demonios, eran ángeles. Luego se corrompieron, pero su esencia, su naturaleza fundamental, es de origen divino, por eso no les afectan esas cosas"
Me ha encantado como te lo has currado todo para darnos una explicación de modo que encaje. De hecho con el libro que mencionaste, me he puesto a buscarlo y todo porque cuando escribí la parte del infierno de wdh una amiga me habló de un libro así escrito por un loco árabe o algo así...en fin, no viene al caso, lo que quiero decir es que está tan currado que parece algo que real, no imaginario. Me encanta la mitología y si nos ponemos en plan biblíco con ángeles caídos y demonios, casi aún más. Me encanta la idea de que hubiera siete demonios originales, que Lilith y Azazel sean de ellos. Que no fueran humanos corrompidos , sino ángeles corrompidos por eso su naturaleza al ser divina, es mucho más poderosa. Es genial y ya me estaba desesperando al pensar lo negras que tenían las cosas hasta que Dean dijo que ya se habían cargado a uno. Me dieron ganas de darle un beso en los morros. Qué razón tiene y que huevos más bien puestos, ayss.
"Si la fe es lo que hace falta para vencer a un demonio, él tiene suficiente fe en su hermano como para acabar con todo el infierno en pleno."
Eso es muy tierno y conmovedor. Sam no creció creyendo que su padre era un héroe como lo hizo Dean. Él creció creyendo que Dean era un héroe. Y lo es.
"Lo que no entiendo muy bien es… si estos demonios llevan tanto tiempo planeando esta guerra, ¿por qué, a la hora de la verdad, han sido tan chapuceros? Azazel por un lado, queriendo convertirte en el general de su ejército, Lilith intentando matarte para que no lo seas, del resto de los Antiguos ni se sabe, y los demonios de infantería corriéndose una juerga en la tierra mientras los jefes se aclaran. Tío, es la guerra peor planificada de la historia"
Tenía que quotearte esto xD poeque Dean es genial haciendo el análisis de la situación xD y tiene toda la razón del mundo. Típico de Dean bromear con absolutamente todo.
Re: Comentario. Parte I
Date: 2008-08-25 11:37 pm (UTC)Yo también tengo una hermana pequeña, así que entiendo lo que dices. Y eso que sólo nos llevamos un año, pero a veces es imposible decirle que no. E incluso si en principio se lo digo, luego me acaba convenciendo. Tiene que ser algo biológico, alguna hormona distinta que sólo se segrega a partir del segundo embarazo, o algo así.
Gracias otra vez por lo del humor de Dean. *Se sonroja*.
Jejeje, no busques el libro que no existe, me lo inventé. Aunque lo de siete arcángeles y siete demonios no es completamente original, esa idea está reflejada en una película llamada "Gabriel" que vi en medio del parón veraniego. La peli en sí no es gran cosa, pero me gustó eso de siete contra siete. Y luego me puse a indagar un poquito y resulta que en las Sagradas Escrituras sí que se menciona que los arcángeles son siete. Si te apetece leer un poco más sobre el tema, yo me informé aquí:
http://www.hechizos.info/angeles3.html
"Ya me estaba desesperando al pensar lo negras que tenían las cosas hasta que Dean dijo que ya se habían cargado a uno. Me dieron ganas de darle un beso en los morros". ¡Venga ya! ¿En serio te hace falta que Dean diga algo así para querer darle un beso en los morros? ;) A mí me basta con que respire.
Tienes toda la razón al decir que para Sam, Dean es su héroe. Absolutamente. A mí quedó completamente claro en una escena de Mystery Spot: Sam está explicando una vez más lo del bucle temporal mientras desayunan, y cuando Dean le dice "si tú y yo decidimos que no me voy a morir, entonces no me voy a morir", la cara de Sam cambia por completo, y se puede ver que se lo cree. Lleva ya unos cuantos martes encima, pero aun así se lo cree. Eso es fe.
Ya no sé ni cómo seguir dándote las gracias por leer y por hacer estos comentarios. Voy a tener que empezar a decírtelo en otros idiomas o algo.
Besitos.
Comentario. Parte II
Date: 2008-08-25 06:26 pm (UTC)Toda la conversación que has desarrollado allí me parece digna de quotearla pero como dudo que te apetezca releerte el capítulo dentro de mi comentario xD voy a pasar. Pero es fantástica. Como Dean pierde la fe y que el mundo ya no esa blanco o negro le carcome demasiado los cimientos sobre los que siempre se ha apoyado. Sam nunca ha tenido una visión tan cerrada, es el que ve matices, por lo tanto puede llegar a ver maldad y bondad en todos y aceptarlo. Y que precisamente lo que Lilith quiere hacer con él es reventarle en lo más hondo, haciéndole creer que toda la gente por la que se ha sacrificado, toda la gente que le ha dado sentido a su vida entera, es malvada y mezquina y no merece ser salvada. Y si no le queda eso, la sensación de que hace algo bueno, no le queda nada.
La escena del pedófilo...uff, me ha dejado la piel de gallina. con lo que me violenta eso...y me han dado ganas de violar a Dean de puro amor que me ha dado que quisiera cargarse a ese tipo por todo lo que habia hecho, por lo que había pensado de la niña...Por un momento temí que las madres le echaran la culpa a Dean pero ha sido muy emotivo cómo se han dado cuenta de todo y se lo han agradecido. De ser la madre, te aseguro que hubiera intentado rematar al tipo.
Y lo mejor, lo más conmovedor y más mejor del capítulo para mí ha sido:
"A veces Sam hace eso. Dice o hace algo de forma completamente casual, como si no tuviera importancia, pero cargado en el fondo de un significado que hace que Dean se rompa en dos. Es un código que hay que saber descifrar, pero él puede hacerlo mejor que nadie. Como cada vez que dice “eres mi hermano” y Dean sabe que significa “te quiero”. Para ser la clase de persona que siempre está dispuesta a hablar de los sentimientos de otros, Sam casi nunca es capaz de llamar a los suyos por su nombre. Pero en ese idioma que sólo hablan ellos dos, su hermano entiende lo que realmente está diciendo: te admiro, te respeto, quiero aprender de ti. En esos momentos Dean se siente enorme, un gigante, un coloso, y de todas las cosas que podría llegar a hacer en su vida, la única que jamás se perdonaría es decepcionar a Sam."
y
"No sé, igual lo que ocurre es que, a pesar de todo lo que hemos pasado, todavía te consideras prescindible, la primera pieza a sacrificar en esta guerra. Pero no lo eres. No para mí."
Es tan bonito que no tengo palabras. Lo poco que Dean se quiere a sí mismo a veces. Lo tierno que es Sam demostrándole cuanto le importa, desesperándose porque Dean no se valora en absoluto hasta el punto de que cree que nada pasaría si él no estuviera. En el 3x02, cuando visitó a un antiguo amor y creyó que el hijo de ésta era suyo, vimos que Dean pensaba que se iba a morir y no dejaba nada en el mundo a parte de un coche.
Pero sí que dejó muchas cosas, algo enorme. Un hermano que es lo que es gracias a él, un hermano al que le ha enseñado todo y le ha dado la vida. Dean por favor, mírate a través de los ojos de Sam por una vez.
Estupendo, vas genial, cariño.
PD: Como habrás notado, al final me he extendido más de lo que esperaba xD
Re: Comentario. Parte II
Date: 2008-08-25 11:53 pm (UTC)Yo también querría rematar al tipo, por supuesto. Y Sam igual, pero en ese momento le importa más el alma de Dean.
*Se pone colorada otra vez* Me hace muy feliz que te haya gustado el momento de tranquilidad en el parque. Personalmente, creo que si Dean ha aprendido a quererse un poco y a valorarse más en la tercera temporada, es todo mérito de su hermano. Sam no ha dejado de estar pendiente de él desde la muerte de John, obligándole a salir de sus propias neuras, y esforzándose en demostrarle que sí le importa a alguien, que tiene quien le quiera y que se merece que le quieran.
Ay, el 3x02... tienes razón, qué triste es ver que Dean no tiene ni idea de que Sam es como es gracias a él. Sigue pensando que a Sam lo educó John, ¿no es increíble?
Un millón de gracias otra vez. Thank you. Merci beaucoup. Danke schen (o como se escriba). Domo arigato. Grazie mile! Ya no sé ni cómo expresarlo. Pero de verdad, me has emocionado un montón.
Besos.
Re: Comentario. Parte II
Date: 2008-08-26 11:25 pm (UTC)Es como si John le hubiera atrofiado su capacidad para tener perspectiva o sueños propios. Desde que su padre murió, Dean ha seguido haciendo lo que hacía antes de su muerte: cuidar a Sam, cazar. Y nunca se plantea tener algo más, soñarlo o tan sólo merecerlo.
(me he emocionado y no viene demasiado a cuento xD perdona).
En fin que no me des las gracias, cariño, tu fic me encanta y es justo que te lo demuestre ^^
Esperaré con paciencia el capítulo que viene :D!
Re: Comentario. Parte II
Date: 2008-08-27 01:46 am (UTC)Por eso admiro tanto que Sam no se hiciera cómodo en el papel de hermano pequeño al que hay que cuidar. Podría haberlo hecho, porque igual que Dean absorbió esa idea durante años y años de oír a su padre repetirla, la podría haber asimilado Sam. Pero no lo hizo, él se lo cuestionó y llegó a la conclusión de que no era lo correcto, que Dean y él tenían que cuidar el uno del otro y no era lógico que sólo uno de los dos tuviera que hacer los sacrificios para que el otro fuera feliz. Sam realmente agradece todo lo que Dean ha hecho por él, en vez de darlo por sentado, y se ha esforzado mucho para convecer a su hermano de que le deje demostrárselo. No hay mucha gente que sepa querer de esa forma.
Re: Comentario. Parte II
Date: 2008-08-29 08:19 pm (UTC)No sé, estos dos tienen una de las relaciones de hermanas más bonitas que he visto. Creo que eso es lo que engancha tanto a la serie ♥